Cooperatives Agro-alimentàries agradece la respuesta del Govern al problema de la lana pero pide una solución a largo plazo

Se llenan la boca diciendo que ha llegado el momento de replantear el modelo económico de Balears, de diversificar los sectores y de no tener todos los huevos en la cesta del turismo. Las palabras, sin embargo, deben ir acompañadas de hechos.

Uno de los sectores que, a medida que pasan los años, sufre más los estragos de la insularidad, del aumento de determinados costes, de la competencia… es precisamente el sector primario. Payeses y ganaderos, y en este entorno, especialmente los que se dedican al cordero y a las ovejas.

Ahora es el momento de estar a su lado, de que las instituciones hagan una fuerte apuesta por conservar aquello que es nuestra identidad y aquello que ilustra la mayoría de fotografías que después se utilizan de reclamo turístico.

Es el momento, más que nunca, de reforzar el sector primario, uno de los más estratégicos en nuestra comunidad. Las ovejas cada año se han de esquilar, lo necesitan por higiene y por su propia salud. Esquilas las ovejas, sin embargo, no es gratis, nadie hace el trabajo para nada.

Arreglar una oveja tiene un coste aproximado de entre un euro y un euro y medio. Si el payés tiene un ganado de ovejas de por ejemplo 1.500 ovejas… saquen cuentas. Además, la problemática para deshacerse de la lana, tampoco acompaña. Y es que en los últimos años ya no interesa para nada el pelaje de la oveja, ya no lo compran. Una vez se ha esquilado, la lana no tiene más vida útil y ha de ser tratada como un residuo más.

Por este motivo, además de pagar el esquilado, el payés también ha de hacer llegar la lana en unos sacos específicos, hasta uno de los cinco puntos que hay en Mallorca concretados por la Conselleria d’Agricultura para que se haga una correcta gestión del residuo.

Y otro coste añadido para el payés. El mismo que ve como la demanda de la carne de sus animales sigue bajando, así como el precio que se paga por quilo. En definitiva, un mal negocio.

“Es un sobrecoste sobre la explotación que ya va al límite del precio, no tenemos muchos más recursos como para aplicar más costes”, ha asegurado el ganadero Josep Jaume Seguí, añadiendo que “debemos buscar una solución para esta lana, no puede ser que acabe incinerada en Son Reus”.

Por su parte, la directora gerente de Cooperatives Agro-alimentàries de Balears, Francisca Parets, ha explicado que “las empresas que se dedicaban a este sector son dos y prácticamente han cerrado, nos quedamos con el sobrecoste de sacar este producto a la Península sabiendo que no hay mercado para la lana”.

“No se puede dejar en el campo porque es un residuo, hay que gestionarlo de alguna manera”, ha advertido Parets, añadiendo que “sigue siendo un problema a largo plazo, hay que resolverlo de cara a las próximas temporadas”.

¿Qué harían ustedes si tuvieran la responsabilidad de un negocio que va hacia abajo y en dirección contraria a la viabilidad económica? La mayoría, por no decir todos, bajaríamos la barrera.

Pero si el sector primario echa el cierre, dejaríamos de ver ovejas en los bucólicos campos verdes del pla de Mallorca. Como los almendros en su momento, exuberantes hace años y muertos esperando servir, al menos para hacer leña, en la actualidad.

Un triste final que todavía podría tener remedio si los que se llenan la boca de buenas palabras, actuasen de verdad.

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