CARTA A…/ Queda todo por hacer

El tsunami sanitario, social, económico, empresarial y laboral provocado por la pandemia de la Covid 19 ha abierto, evidentemente y como no podía ser de otra forma, una auténtica brecha de enormes dimensiones y de consecuencias hoy en día difíciles de evaluar en toda su magnitud y, más complejo aún, de pronosticar su fin.

Arrancamos ahora la época del año en la cual nuestra sociedad balear se reparte en dos grupos: aquellos que, por un lado, cierran su ciclo laboral y disfrutan de sus vacaciones y, por otro, los que aceleran su intensa actividad ligada a la locomotora que hoy por hoy y hasta nueva orden garantiza nuestro nivel de vida: el turismo.

Una época, la del verano, que este año tampoco será como lo era antaño: o de descanso o de trabajo. Será una época de reconstrucción, de rescate, de esfuerzos, de dedicación, de compromiso y de esperanzas.

Una época, también, en la que podremos analizar y valorar, una vez vayamos recuperando poco a poco la actividad empresarial y laboral, aquello que hemos dejado en el tintero. Como ya destacamos en nuestra Carta de la semana anterior, esta crisis nos ha demostrado que mientras algunos de los que ocupan los cargos institucionales que la ciudadanía les ha confiado a través del voto se han esforzado en solucionar los problemas –aunque en ocasiones hayan errado en sus propuestas–, otros se han escondido detrás de sus poltronas y agarrado de forma egoísta a su metro cuadrado de moqueta.

Queda mucho por hacer. La pandemia ha tapado con su manto de muerte, ruina y paro los déficits que desde hace demasiado tiempo arrastramos. Y, siendo esta realidad un hecho lamentable, más lamentable es aún que algunos de los que cobran sus salarios gracias a nuestros impuestos no hayan querido ni sabido aprovechar la parálisis general provocada por el confinamiento y las restricciones para preparar la salida de la crisis y la aplicación de las soluciones que ahora, mucho más que antes de la Covid-19, necesitamos y exigimos.

La sociedad política hipertrofiada y redundante, lenta, ineficiente e ineficaz, inútil y castradora de las iniciativas de la sociedad civil –la única que crea riqueza verdadera– sigue siendo el gran lastre que nos impide sobrevivir al marasmo y respirar fuera de la tempestad que la pandemia ha agravado.

Queda mucho por hacer. De hecho, queda por hacer todo lo que la sociedad civil exigía a la sociedad política antes de la llegada de la Covid. Y ante eso podemos seguir lamiéndonos las heridas de la pandemia o levantarnos y ponernos en marcha, aunque sea sinónimo de lanzar por la borda el lastre de aquellos que prefieren seguir siendo un problema antes que ser parte de la solución. Recordemos que los que antes de la Covid no nos ayudaron en nada, ahora siguen en sus poltronas.

Abrimos un período de descanso para algunos y de intensa actividad para otros… y de reflexión para todos. Con la recuperación sanitaria y económica será el momento de rearmarnos como sociedad civil. Y allí estaremos.

¡Buen verano!

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