Cuando emanciparse se convierte en una misión imposible

El archiproclamado derecho a una vivienda digna choca tozudamente,  una y otra vez, contra la realidad. Una realidad especialmente dura para los jóvenes de nuestra comunidad, castigados por los bajos salarios y una precariedad laboral que convierten el alto precio del alquiler en un escollo insalvable.

La actual situación económica derivada de la pandemia hace aún más sombrío el futuro de toda una generación, más teniendo en cuenta que Baleares se convirtió el pasado mes de agosto en la segunda comunidad de España, solo superada por Madrid, donde resultaba más caro vivir de alquiler.

Esta tozuda realidad pesa como una losa en el ánimo de muchos jóvenes, y no tan jóvenes, incapaces de abandonar la casa de sus progenitores o, en el peor de los casos, tener que regresar a ella tras fracasar en su intento por emanciparse.

“No te puedes plantear independizarte de manera individual. No puedes afrontar el precio del alquiler, que ronda los 800 euros, más los gastos del día a día tú sola”, señala una joven en el centro de Palma. “Los sueldos no dan para poder irte a vivir tú solo”, señala otra chica, algo que confirma una tercera al señalar que “tengo 30 años y todavía no he conseguido un puesto de trabajo en el que cobre más de 500 euros”.

Con una tasa de paro juvenil rondando el 40 por ciento en nuestra comunidad, los pocos afortunados que logran emanciparse se ven obligados a destinar algo más del 80 por ciento de su sueldo al pago del alquiler o una hipoteca.

Una situación harto complicada y en la que sobrevivir, paso previo al malvivir, se ha convertido en el único objetivo.

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