Objetivo: Sánchez

Tenorio

En 1945 se estrenó una película que llevaba por título “Objetivo Birmania” protagonizada como actor principal por Errol Flynn. Hoy asistimos al reestreno de esta película con dos actores como protagonistas y un ligero cambio en el titulo original: tanto PP como VOX comparten cartelera en la nueva película a estrenar que lleva por título: Objetivo Sánchez.

Eso no se discute. Es evidente. Es urgente para millones de españoles. Pero la política no termina cuando cae un presidente. La política empieza al día siguiente.

Y ahí es donde aparece en esta película el problema. Porque desalojar a Sánchez no garantiza cambiar el rumbo. Y la experiencia nos obliga a mirar los hechos, no las promesas. Basta observar Andalucía. ¿Qué se ha derogado?

¿Se han eliminado las leyes de memoria ideológica? No.

¿Se han desmontado las leyes de género? Tampoco.

¿Se ha cuestionado el Pacto Verde europeo? No.

¿Se ha frenado la Agenda 2030? En absoluto.

¿Se ha producido un giro firme en inmigración ilegal? No.

¿Se ha acabado con la red de subvenciones estructurales a sindicatos y chiringuitos? No.

La gente sigue recibiendo el mismo “sobre” clientelar. Solo que ahora lleva la gaviota en vez del puño y la rosa.

Cambia el logotipo. No cambia la arquitectura. Y entonces surge la pregunta incómoda: ¿Queremos alternancia o queremos alternativa?

Porque no es lo mismo. Alternancia es que se turnen. Alternativa es que cambie el proyecto político.

Si el PP llega para gestionar mejor el mismo marco ideológico que ha construido el PSOE durante décadas, estamos ante una rotación del poder, no ante un cambio de modelo. Y aquí conviene recordar a Anguita: “Programa, programa y programa”.

No basta con echar a Sánchez. Hay que saber qué se va a hacer después. Qué leyes se van a derogar. Qué políticas se van a revertir. Qué compromisos europeos se van a revisar. Qué modelo de nación se va a defender.

Porque el programa que muchos españoles desean no es el consenso permanente que González Pons y la socialista Iratxe García negocian sonrientes en Bruselas. No es la obediencia automática a cada directriz del grupo de poder comunitario. No es el miedo constante a incomodar a los grandes grupos mediáticos.

Muchos quieren otra cosa:

Recuperar soberanía legislativa.

Poner orden real en las fronteras.

Reducir el entramado subvencionado.

Revisar el andamiaje ideológico impuesto en los últimos veinte años.

Y hacerlo sin complejos.

La cuestión es clara: ¿Debe quien quiere un cambio profundo entregar un cheque en blanco al PP? ¿O debe exigir compromisos firmes, públicos y verificables antes de respaldar nada?

La política adulta no se basa en la ilusión. Se basa en condiciones. Si lo único que cambia es el tono, pero no el fondo, habremos cambiado el conductor… pero no el destino. Y España no necesita una versión más educada del mismo consenso. Necesita decidir si quiere continuar exactamente por la misma senda o abrir una distinta. Desalojar a Sánchez puede ser el primer paso. Pero si después todo sigue igual, el problema no habrá sido resuelto: solo maquillado.

La cuestión no es quién duerme en La Moncloa. La cuestión es qué programa gobierna España. Y eso, si de verdad queremos un cambio, no puede quedar en un eslogan. Tiene que escribirse. Comprometerse. Y cumplirse.

Programa. Programa. Y programa.

 

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