Hoy quiero hablarles de algo que no llena tertulias, pero que va a marcar el futuro de miles de familias españolas: el tratado con Mercosur. Ese acuerdo comercial que PP y PSOE avalan en Bruselas mientras aquí, en nuestros pueblos, el campo se asfixia.
Porque no nos engañemos: Mercosur no es solo comercio. Es un golpe directo a nuestro sector primario. Nuestros agricultores y ganaderos producen con algunas de las normativas más exigentes del mundo. Cumplen estándares medioambientales estrictos, soportan altos costes laborales, pagan combustible, fitosanitarios y electricidad disparados y, además, enfrentan una burocracia que parece diseñada para expulsar al que resiste.
¿Y qué hacen PP y PSOE? Abrir el mercado a productos procedentes de países donde esos estándares no son equivalentes, donde los costes son mucho más bajos y donde las exigencias sanitarias y medioambientales no siempre son comparables.
Eso no es libre competencia. Eso es competencia desleal institucionalizada. El resultado ya lo estamos viendo: precios hundidos en origen, explotaciones que no cubren costes, jóvenes que no encuentran futuro en el campo y pueblos que se vacían lentamente.
España vive una situación alarmante. El 84% de nuestras razas autóctonas están en peligro de extinción. Hablamos de patrimonio genético, de biodiversidad, de cultura rural. Cada raza que desaparece es historia que se pierde. Es territorio que se abandona. Es soberanía que se debilita.
Porque el sector primario no solo produce alimentos. Mantiene el paisaje, fija población, previene incendios y sostiene economías locales enteras. Cuando desaparece una explotación ganadera extensiva, no solo se pierde empleo: se pierde equilibrio ambiental y cohesión territorial.
A esto se suma el envejecimiento imparable del sector. La edad media del agricultor español supera los 60 años. Y la pregunta es evidente: ¿quién va a quedarse si trabajar la tierra significa trabajar a pérdidas?
Mientras tanto, el bipartidismo vuelve a coincidir. Coinciden en Bruselas. Coinciden en los grandes consensos globalistas. Coinciden en firmar un tratado que pone en riesgo a nuestros productores. Frente a ese consenso, solo Vox ha manifestado una oposición clara y frontal a Mercosur, advirtiendo del impacto devastador que puede tener sobre el campo español.
Y aquí está el fondo del debate: no se trata de estar contra el comercio. Se trata de defender a los tuyos primero. El comercio es progreso cuando es equilibrado. Pero cuando se compite con reglas distintas, el resultado no es progreso: es desmantelamiento productivo.
España no puede permitirse depender cada vez más del exterior para algo tan estratégico como la alimentación. La soberanía alimentaria no es un eslogan. Es una cuestión de seguridad nacional.
Por eso necesitamos medidas concretas: cláusulas espejo reales que exijan a las importaciones los mismos estándares que se imponen a nuestros productores; prioridad al producto nacional en la contratación pública; reducción drástica de cargas fiscales y burocráticas; apoyo efectivo al relevo generacional; y un plan nacional de protección de nuestras razas autóctonas como patrimonio estratégico.
Si no defendemos ahora a nuestro campo, dentro de unos años solo quedarán explotaciones cerradas y pueblos vacíos. Y entonces recordaremos quién firmó este tratado. Quién lo avaló. Y quién lo combatió. Porque el campo no desaparece por casualidad. Desaparece cuando desde el poder se decide sacrificarlo.






