Sr. Director de Cultura,
Su nombramiento como director general de Cultura marca algo más que un relevo administrativo en la estructura del Govern. Su perfil combina conocimiento académico, vocación pedagógica y capacidad de gestión, cosa que no abunda en una política llena de incompetentes. Pero más allá de los títulos, lo que resulta especialmente relevante es su recorrido.
Fue en 2019 cuando muchos pusieron el foco en usted al convertirse, con apenas 26 años, en uno de los alcaldes más jóvenes de España. Desde entonces, Alaró ha sido su laboratorio político. Allí ha demostrado que modernizar un municipio no está reñido con preservar su identidad; que dinamizar la vida local puede hacerse sin diluir la esencia de un pueblo situado a los pies de la Serra.
Su paso por la presidencia del Fondo Mallorquín de Solidaridad y Cooperación y, más recientemente, la dirección del Instituto de Estudios Baleáricos han reforzado una imagen de gestor solvente, conocedor del tejido cultural y capaz de coordinar políticas públicas en un ámbito tan complejo como el de la lengua y la creación artística.
Dicen quienes le conocen que es resolutivo. Y probablemente esa sea una de las cualidades más necesarias en la política actual. Su llegada también simboliza aire fresco frente a esos “dinosaurios” que todavía deambulan por demasiadas estructuras partidistas. La juventud, sin embargo, no debe ser un argumento en sí mismo, sino una oportunidad para impulsar nuevas formas de hacer política cultural: más abiertas, más dialogantes y menos burocráticas.
También será clave evitar que la cultura quede atrapada en debates estériles o trincheras ideológicas. La cultura debe unir más de lo que separa, y ahí su capacidad de consenso será puesta a prueba.
Llega a esta responsabilidad en un momento de madurez política, pese a su juventud. Ha sabido forjar un perfil propio y revalidar la confianza de sus vecinos con una mayoría que avala su gestión.
Tiene ante sí la oportunidad y la responsabilidad de demostrar que una nueva generación puede liderar la cultura con ambición, sensibilidad y eficacia. Porque, al final, la cultura no solo habla de lo que somos, sino también de lo que aspiramos a ser.
Le deseamos acierto.





