La izquierda monta un circo: refundación para no desaparecer

Tenorio

Hoy la política española se parece demasiado a un circo ambulante. Un circo donde la izquierda ha decidido que el espectáculo debe continuar, aunque la carpa esté desgastada y el público empiece a marcharse.

Ahí tenemos a Gabriel Rufián, ejerciendo de maestro de ceremonias con nariz roja permanente. Cada intervención es un número de sarcasmo, titulares rápidos y frases diseñadas para caminar por las redes sociales. Mucho ruido, muchas luces… pero ni una sola propuesta sólida para resolver los problemas reales de los españoles.

En la cuerda floja aparece Yolanda Díaz, equilibrista de un proyecto que nació como gran reunificación de la izquierda alternativa y que hoy sobrevive a base de malabarismos políticos. Promete estabilidad mientras su espacio se descompone. Habla de futuro mientras intenta recomponer alianzas que se rompen a la primera discrepancia. La sonrisa permanece; el suelo tiembla.

Y en el centro de la pista, Ione Belarra actúa como domadora de fieras. Señala enemigos externos, acusa a antiguos socios de traición y eleva cada ruptura a categoría de batalla moral. Pero las fieras ya no están fuera. Están dentro. Son las luchas internas, los egos desatados y la pelea por los restos de un espacio político que se fragmenta a ojos vista.

Porque ese es el dato clave: este circo ha decidido refundarse para no desaparecer. Nuevas plataformas, nuevas siglas, nuevos congresos, nuevos manifiestos. Cambian el cartel, cambian el envoltorio… pero el espectáculo es el mismo. La izquierda se divide en facciones que compiten entre sí por un electorado cada vez más cansado.

No estamos ante una renovación. Estamos ante una operación de supervivencia. No es ilusión. Es miedo a la irrelevancia.

Mientras tanto, los problemas siguen ahí. Vivienda inaccesible. Presión fiscal asfixiante. Deuda disparada. Inseguridad creciente. Y frente a todo eso, la respuesta es más ideología, más propaganda y más confrontación artificial.

Han confundido gobernar con hacer activismo desde el BOE. Han sustituido la gestión por la pancarta. Han cambiado la responsabilidad por el eslogan. Y ahora, cuando la realidad les pasa factura, intentan refundar el circo para que el público crea que empieza un espectáculo nuevo.

Pero España no necesita un espectáculo nuevo. Necesita un rumbo distinto.

Frente a este desorden ético y económico, hay quien plantea cerrar la carpa y volver a la política seria: orden en las cuentas públicas, defensa de la unidad nacional, apoyo sin complejos a quienes crean empleo y riqueza, y recuperación de la autoridad del Estado donde hoy solo hay cesiones y complejos.

Porque España no necesita más payasos mediáticos, ni equilibristas de discurso cambiante, ni domadores que ya no controlan a sus propias fieras. Necesita seriedad, orden y valentía.

Y, sobre todo, necesita que se apague la música del circo y se encienda, de una vez, la luz de la responsabilidad.

 

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