El proyecto supone un punto de inflexión para Inca, que da el salto de ser un espacio de exhibición a consolidarse también como centro de producción artística. Con esta iniciativa, la ciudad se integra en el circuito lírico contemporáneo de las Illes Balears, en un contexto de creciente apuesta por propuestas escénicas que combinan disciplinas y lenguajes.
La puesta en escena está dirigida por Miquel Àngel Raió, quien propone una reinterpretación contemporánea de esta obra del clasicismo vienés. Más allá de su carácter de comedia de enredos, la producción plantea la ópera como un experimento emocional que cuestiona la estabilidad de los afectos y explora la fragilidad de las relaciones humanas.
El montaje se desarrolla en un espacio escénico blanco e indefinido, concebido como un híbrido entre una casa de lujo, un plató televisivo y un laboratorio emocional. La presencia de cámaras, gasas translúcidas y cuerpos expuestos configura un universo visual que potencia la lectura crítica e irónica de la obra.
En el apartado musical, la dirección corre a cargo de Bernat Quetglas, al frente de la Orquestra de Cambra de Mallorca. El elenco está formado por Natàlia Salom (Fiordiligi), Mar Esteve (Dorabella), Irene Mas (Despina), Sebastià Serra (Guglielmo), Víctor Jiménez (Ferrando) y Jorge Tello (Don Alfonso).
Uno de los ejes centrales de esta producción es la colaboración con el Campus ADEMA Inca, que participa activamente en el desarrollo del vestuario y parte de la escenografía a través de su alumnado. Se trata de la primera vez que ambas instituciones trabajan juntas, incorporando una dimensión pedagógica al proceso creativo y acercando la formación académica a la práctica profesional.
Desde el ámbito institucional, el alcalde de Inca, Virgilio Moreno, ha subrayado que este proyecto refleja «la madurez de una ciudad que apuesta por la creación artística, no solo por la exhibición», mientras que el presidente de ADEMA, Diego González, ha destacado el valor de trabajar en contextos reales, donde el diseño responde a necesidades concretas y dialoga con la música, el cuerpo y la dramaturgia.
La iniciativa pone también de relieve la complejidad técnica del diseño en la ópera, donde el vestuario debe adaptarse a las exigencias del movimiento y la vocalidad, y la escenografía garantizar funcionalidad, seguridad y coherencia escénica.
Con esta producción, el Teatre Principal d’Inca refuerza su papel como agente activo en la creación cultural contemporánea, mientras ADEMA consolida un modelo educativo basado en la integración entre formación y práctica artística. El resultado es una propuesta que trasciende la representación de un clásico para convertirse en un ejemplo de colaboración entre cultura, educación y territorio.