Sra. Marga Prohens:
Ha llegado el último curso político de la legislatura. Ese momento en el que ya no basta con anunciar, prometer o proyectar. Toca hacer balance. Y también empezar a preguntarse qué quedará realmente de estos cuatro años cuando los ciudadanos vuelvan a encontrarse con las urnas en mayo de 2027.
Su partido ha elegido un lema sencillo para afrontar estos meses: “Dit. Fet”. Lo dijimos y lo hemos hecho. Y usted afirma que más del 95% del programa de gobierno está cumplido o en marcha.
No es poca cosa.
Sobre todo, porque llegó al Consolat de Mar después de ocho años de gobiernos de izquierdas en los que algunos de los grandes problemas de Baleares, lejos de solucionarse, se hicieron todavía más grandes. La vivienda se convirtió en un lujo para demasiadas familias. Las carreteras siguieron saturándose. La presión turística alcanzó niveles difíciles de asumir. Y la burocracia fue creciendo hasta convertirse, demasiadas veces, en una Administración que parece diseñada para poner obstáculos en lugar de ofrecer soluciones.
En estos tres años ha habido decisiones.
La eliminación del Impuesto de Sucesiones, las rebajas fiscales para facilitar a los jóvenes la compra de una vivienda, la gratuidad de la etapa educativa de cero a tres años, la recuperación de la carrera profesional sanitaria, la Ley de Conciliación, la cuota cero para nuevos autónomos o los intentos de sacar vivienda asequible al mercado son medidas concretas. Podrán gustar más o menos, pero responden a una determinada manera de gobernar.
Y también hay que reconocerle algo, presidenta: ha tenido voluntad de afrontar problemas que durante demasiado tiempo parecían intocables.
Pero ahí se ha encontrado usted con un adversario mucho más difícil de vencer que cualquier partido de la oposición: la Administración.
Porque una cosa es aprobar una medida y otra conseguir que llegue a la calle. Una cosa es anunciar viviendas y otra construirlas. Una cosa es proyectar nuevas infraestructuras y otra conseguir que las máquinas empiecen a trabajar. Una cosa es anunciar que se eliminará burocracia y otra lograr que un ciudadano deje de esperar meses, o incluso años, para obtener una respuesta.
La lentitud administrativa es desesperante. Y probablemente haya descubierto durante estos tres años que cambiar Balears desde un despacho del Consolat es mucho más complicado de lo que parecía desde la oposición.
Por eso, estos últimos meses deberían ser menos de anuncios y más de resultados.
También debería servir este final de legislatura para mirar hacia dentro.
Porque no todos sus consellers y conselleres han funcionado igual. Algunos han demostrado capacidad política, iniciativa y presencia. Otros han pasado demasiado inadvertidos, han reaccionado tarde o simplemente no han conseguido imprimir velocidad a sus áreas.
Y si las encuestas aciertan y usted vuelve a ser presidenta en 2027, tendrá que tomar decisiones.
Usted pide ahora una «mayoría de estabilidad» para gobernar desde la moderación y la centralidad. Es legítimo. Pero esa confianza no se conseguirá únicamente explicando lo que se ha hecho.
Se conseguirá demostrando que aquello que todavía está pendiente puede hacerse.
Porque el verdadero examen de su Govern no estará en el porcentaje de un programa electoral marcado como cumplido. Estará en algo mucho más sencillo: si un joven puede encontrar una vivienda, si una familia tarda menos en desplazarse cada mañana, si un autónomo encuentra menos obstáculos, si los servicios públicos funcionan mejor y si Mallorca, Menorca, Ibiza y Formentera consiguen convivir con su éxito turístico sin morir precisamente de éxito.
Ese será su verdadero “Dit. Fet”.





