Dos estudios desarrollados por investigadores vinculados al Grupo de Investigación en Salud de la Universitat de Mallorca (UMAC-ADEMA) han identificado una asociación entre el nivel educativo y la salud de la población trabajadora. Los resultados apuntan a una mayor prevalencia de obesidad y a perfiles cardiometabólicos más desfavorables entre las personas con menor formación académica.
Las investigaciones, publicadas en las revistas científicas Medical Sciences y Metabolites, se han realizado con muestras de 3.108 personas en edad laboral y analizan desde perspectivas diferentes la influencia de los determinantes sociales sobre la salud.
Casi el doble de obesidad
Uno de los trabajos se centra específicamente en la relación entre educación y obesidad. Los datos reflejan una diferencia significativa: la prevalencia de obesidad alcanza el 19,8% entre las personas con estudios primarios o sin formación reglada, mientras que entre quienes cuentan con estudios superiores se reduce al 11,5%.
Inicialmente, las personas con menor formación presentaban una probabilidad de obesidad 1,89 veces superior a la de aquellas con estudios superiores. La asociación se redujo al introducir en el análisis factores como edad, sexo, alimentación, actividad física, tabaquismo o diabetes, pero siguió siendo relevante, lo que para los investigadores indica que las diferencias no pueden explicarse únicamente por los hábitos individuales.
El estudio también detectó diferencias en el estilo de vida. Entre las personas con menor nivel educativo, un 35,6% fumaba, frente al 27,9% de quienes tenían estudios superiores. La inactividad física afectaba al 41,3%, frente al 33,9%, mientras que la baja adherencia a la dieta mediterránea alcanzaba el 49%, frente al 32,5%.
Los autores consideran, por ello, que las políticas destinadas a combatir la obesidad deberían combinar la promoción de una alimentación saludable y el ejercicio físico con actuaciones dirigidas a reducir las desigualdades sociales y educativas que dificultan mantener esos hábitos.
Cuatro perfiles de riesgo
La segunda investigación amplía el foco al riesgo cardiometabólico y analiza a 3.108 trabajadores de Baleares de entre 18 y 69 años. Para ello tiene en cuenta factores como obesidad, resistencia a la insulina, hígado graso metabólico, índice aterogénico del plasma y síndrome metabólico.
Los investigadores identificaron cuatro grandes perfiles: un 40,8% de los participantes se situaba en el grupo de bajo riesgo; un 24,1%, en el denominado de obesidad dominante; un 19,3%, en el perfil dismetabólico; y un 15,8%, en el multimórbido de alto riesgo. Este último concentra simultáneamente diferentes alteraciones metabólicas relacionadas con un mayor interés preventivo frente a enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otras complicaciones.
Mayor impacto relativo entre las mujeres
También en este caso aparece una relación con la formación académica. Entre los hombres con menor nivel educativo, el riesgo relativo de pertenecer al grupo multimórbido de alto riesgo fue 1,82 veces superior al de aquellos con estudios superiores. Entre las mujeres, la diferencia ascendió hasta 2,47 veces.
El estudio matiza que los hombres presentan, en términos generales, una mayor carga absoluta de riesgo cardiometabólico, pero la asociación relativa entre menor educación y deterioro metabólico resulta más pronunciada entre las mujeres.
Los propios investigadores advierten, no obstante, de una limitación importante: al tratarse de un estudio transversal, los resultados no permiten afirmar que un menor nivel educativo sea la causa directa del deterioro cardiometabólico. Sí evidencian una asociación entre una menor formación y una mayor probabilidad de presentar perfiles metabólicos adversos.
Las investigaciones concluyen así que la prevención sanitaria no debería centrarse exclusivamente en los hábitos individuales, sino incorporar también factores como educación, equidad, condiciones laborales, conciliación y acceso a recursos saludables.






