En el Consell de Mallorca, el turismo —principal motor económico de la isla— parece haberse convertido en un departamento de paso, un lugar donde los cargos entran y salen con una ligereza preocupante, mientras el presidente Llorenç Galmés mira hacia otro lado. El nuevo relevo, con la llegada de Tommy Ferragut a la dirección insular de Turismo para la Demanda y la Hospitalidad, confirma una dinámica inquietante: cambios constantes, perfiles alejados de la gestión turística y una preocupante falta de rumbo en un área estratégica. Antes se fue Susana Sciacovelli y ahora Marco Táboas; también salió el conseller José Marcial Rodríguez, sustituido por Guillem Ginard, igualmente sin experiencia acreditada en el sector. Da la sensación de que a Galmés le preocupa más mantener contento a VOX y asegurar la estabilidad de su sillón, al más puro estilo Sánchez, que dotar al turismo mallorquín de liderazgo, conocimiento y proyecto. Y mientras tanto, la principal industria de Mallorca sigue navegando sin timón claro.
Galmés ‘pasa’ del Turismo
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