El Consell de Mallorca, a través del Institut Mallorquí d’Afers Socials (IMAS), ha presentado un nuevo protocolo de actuación para reforzar la prevención y la respuesta ante situaciones de violencia en los centros de protección de menores de la isla.
La herramienta, integrada en el Plan de Atención en los Servicios de Acogimiento Residencial (PARMA), establece criterios comunes para garantizar que estos recursos sean entornos seguros para los niños y adolescentes, mejorar la detección de posibles riesgos y determinar cómo deben actuar los profesionales ante situaciones que puedan afectar a su bienestar o vulnerar sus derechos.
«La protección de los niños, niñas y adolescentes exige una actuación coordinada, con criterios compartidos y herramientas claras para los profesionales», ha señalado la vicepresidenta del IMAS, Magdalena García Gual, quien ha destacado que el nuevo protocolo permitirá «reforzar la prevención y garantizar una respuesta adecuada ante cualquier tipo de violencia».
Detección precoz y respuesta coordinada
Entre las principales medidas figura el análisis individualizado de los factores e indicadores de riesgo de cada menor para facilitar la prevención y detección temprana de posibles situaciones de violencia.
El documento establece además pautas comunes para intervenir ante sospechas, evidencias o revelaciones, con especial atención a evitar la revictimización. También regula el registro y seguimiento de las actuaciones, la confidencialidad de la información y la coordinación con los servicios de infancia, salud y educación, las fuerzas y cuerpos de seguridad y la Fiscalía cuando resulte necesario.
La directora insular de Centros y Programas de Atención Integral a la Infancia y la Adolescencia, Magdalena Ramis, ha incidido en que la prevención pasa también por crear espacios en los que los menores «se sientan escuchados, conozcan sus derechos y puedan pedir ayuda».
Mayor participación de los menores
El protocolo contempla que los niños y adolescentes reciban información sobre sus derechos y sobre los mecanismos de protección a su disposición, de forma que puedan reconocer posibles situaciones de violencia y saber dónde acudir.
Asimismo, apuesta por incrementar su participación en la vida cotidiana de los centros, tanto en la elaboración de normas como en los canales de comunicación y protección. La formación inicial y continua de los profesionales constituye otro de los pilares del nuevo modelo.
La iniciativa se integra en el PARMA, que considera la creación de entornos seguros como uno de los ejes fundamentales para avanzar hacia criterios homogéneos de actuación en todos los centros residenciales, tanto públicos como concertados.
Nuevas herramientas de protección
El nuevo documento se suma a otras medidas desarrolladas por el IMAS en los últimos años, entre ellas el protocolo de prevención del suicidio y primera respuesta ante conductas suicidas y las orientaciones para la atención y el acompañamiento psicológico de los menores.
Según García Gual, estas iniciativas «refuerzan las herramientas de los equipos profesionales y contribuyen a garantizar una atención integral a los niños, niñas y adolescentes tutelados».
El protocolo responde también a las obligaciones recogidas en la Ley Orgánica de Protección Integral a la Infancia y la Adolescencia frente a la Violencia (LOPIVI), que establece la necesidad de contar con mecanismos de prevención, detección y actuación frente a cualquier forma de violencia.





