Ceuta: el Rey espera, Rabat gana tiempo

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Pedro Sánchez tiene una fecha para reprocharle al Rey su ausencia de Ceuta, pero ninguna para anunciar su visita. Irá cuando «se den las condiciones». Mientras tanto, el presidente compara sus ocho años de Gobierno con los más de veinte que atribuye al reinado de Felipe VI. (Son doce de su reinado 2014,hasta para pasarle factura a la Corona convendría hacer bien las cuentas).

Pero el desliz es lo de menos. Lo relevante es convertir una visita institucional en un mérito propio y su demora en una deuda ajena. El Gobierno participa en la coordinación de esos desplazamientos. No puede presentarse ahora como un espectador que lleva años esperando que el monarca se decida.

El 31 de julio, Moncloa denunció un «ataque a la integridad territorial» de España. Un mes después, Sánchez destaca la cooperación marroquí y sostiene que no hay información que implique a Rabat. Ambas afirmaciones podrían ser compatibles, pero exigen una explicación: ¿quién atacó, cómo lo hizo y qué falló para que no pudiera impedirse?

Ahora aparecen Rusia, Israel y la ultraderecha internacional. Sánchez señala redes vinculadas a esos actores por difundir desinformación. La acusación es grave y debe investigarse. Pero atribuir bulos a determinadas redes no equivale a demostrar que un Gobierno extranjero organizó la crisis, ni acredita una operación conjunta con Marruecos. Si hay pruebas, corresponde aportar las que puedan hacerse públicas y someter las reservadas al control institucional.

Incluso si se confirma esa interferencia, seguirá pendiente la responsabilidad de la gestión. Una campaña digital puede explicar cómo se propaga un engaño; no responde por sí sola a qué ocurrió con la prevención, la vigilancia fronteriza y la capacidad de reacción. Identificar a quienes alentaron una crisis no exonera a quienes debían estar preparados para afrontarla.

Y mientras Madrid discute el relato, Marruecos consolida sus apoyos. Trump ha reafirmado su reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sáhara Occidental, según la carta difundida por el Gabinete Real. Ese respaldo no demuestra participación estadounidense en los sucesos de Ceuta ni supone un aval sobre las ciudades españolas. Sí muestra una realidad diplomática que Sánchez no puede ignorar: Rabat cuenta con un apoyo explícito de Washington para uno de sus grandes objetivos territoriales.

El fondo político. Marruecos negocia con el respaldo de alianzas que refuerzan su posición. España necesita demostrar qué obtiene de su cooperación con Rabat y qué garantías concretas protegen su frontera. Repetir que la relación es indispensable no basta: precisamente porque lo es, debe producir resultados verificables.

En ese escenario, utilizar al Rey para repartir reproches resulta especialmente cutre o bochornoso . Su visita debería expresar el respaldo del Estado a Ceuta, no servir para que Sánchez se adjudique la iniciativa y le endose al monarca la espera.

El Rey puede acompañar a Ceuta. Lo que no puede es ir a hacerse cargo de las explicaciones que debe el Gobierno.

 

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