Hay días de agosto en los que navegar por Mallorca se convierte en una ventana al mundo de las grandes fortunas. Y el pasado miércoles, coincidiendo con el histórico eclipse total de sol, bastaron apenas seis millas de navegación frente a la costa de Andratx para comprobarlo. Canal 4 Diario fue testigo de una imagen difícil de repetir. En las aguas próximas a Sa Dragonera, uno de los lugares privilegiados elegidos para contemplar el acontecimiento astronómico, coincidieron tres auténticos palacios flotantes: el Rising Sun, el Andromeda y el Kismet. Tres de los megayates más espectaculares que surcan actualmente los mares.
Entre los tres suman 367 metros de eslora. Su valor conjunto se mueve en cifras de muchos cientos de millones de euros. Una pequeña flota al alcance de algunas de las mayores fortunas del planeta que encontró frente a Mallorca un palco excepcional desde el que contemplar cómo la Luna ocultaba completamente al Sol.
El gigante de David Geffen
El primero de estos colosos era imposible de ignorar. El Rising Sun, con sus 138 metros de eslora, fue construido en 2004 por el prestigioso astillero alemán Lürssen para Larry Ellison, fundador de Oracle. Años después entró en escena el productor y empresario estadounidense David Geffen, que primero adquirió una participación y posteriormente pasó a ser su propietario. Geffen es uno de los grandes nombres de la industria musical estadounidense, fundador de sellos que han estado ligados a artistas y bandas como Nirvana, Guns N’ Roses, Bob Dylan o U2.
El Rising Sun es prácticamente un hotel de lujo privado sobre el agua. Sus 138 metros esconden decenas de estancias, gimnasio, bodega, cine y hasta una cancha de baloncesto que puede utilizarse también como plataforma para helicópteros. Su coste de construcción ha sido cifrado en torno a los 377 millones de dólares. Su silueta frente a Sa Dragonera fue una de las imágenes de una tarde en la que no solo había que mirar hacia el cielo.
Un explorador de 107 metros
A poca distancia aparecía una embarcación radicalmente diferente. Gris, de líneas robustas y con un aspecto que recuerda más a un buque de exploración que a un yate convencional, el Andromeda mide 107,39 metros de eslora.
Fue construido inicialmente con el nombre de Ulysses para el multimillonario neozelandés Graeme Hart y posteriormente vendido. Desde entonces, diferentes publicaciones han atribuido su propiedad al empresario tecnológico Yuri Milner, aunque un portavoz del magnate llegó a negar públicamente esa propiedad.
El barco está preparado para navegar mucho más allá de las tradicionales rutas estivales del Mediterráneo. Puede alojar a 30 pasajeros en 15 camarotes y cuenta con una tripulación de 43 personas, además de disponer de helipuerto y hangar para transportar su propio helicóptero.
Su valor se ha llegado a situar alrededor de los 250 millones de dólares.

Un spa flotante de tres millones por semana
Y si los dos anteriores llamaban la atención, el tercero no se quedaba atrás. El Kismet, propiedad del multimillonario pakistaní-estadounidense Shahid Khan, propietario de los Jacksonville Jaguars de la NFL y del Fulham inglés, representa una nueva generación de megayates. Entregado por Lürssen en 2024, alcanza los 122 metros de eslora y puede alojar a doce invitados en ocho camarotes. En 2025 fue reconocido como World Superyacht of the Year.
Su interior ofrece una idea del nivel de lujo reservado a sus ocupantes. Cuenta con un gran espacio dedicado al bienestar inspirado en Bali, con hammam, sauna, cámara de crioterapia, sala privada de tratamientos, gimnasio, estudio de yoga y terrazas abiertas al mar.
El barco está disponible para alquiler, aunque la experiencia queda reservada a muy pocos bolsillos: la tarifa parte de tres millones de euros por semana. Y eso antes de añadir otros gastos asociados al chárter.

Mallorca, palco para las grandes fortunas
La presencia de grandes yates no resulta extraordinaria en Mallorca durante los meses de verano. Palma, Port d’Andratx y las aguas de la Serra de Tramuntana forman parte desde hace años de las rutas mediterráneas de algunas de las embarcaciones privadas más exclusivas del mundo.
Pero lo del miércoles tuvo algo diferente. En apenas seis millas de navegación, Canal 4 Diario pudo contemplar tres gigantes que, juntos, alcanzan una longitud superior a tres campos de fútbol. Tres universos privados de lujo fondeados frente a una isla que aquella tarde ofrecía algo que ni siquiera sus propietarios podían comprar. Porque por una vez, multimillonarios, turistas, residentes y navegantes esperaban exactamente lo mismo.
A las puertas de Sa Dragonera, mientras el Mediterráneo se oscurecía y el horizonte comenzaba a adquirir una tonalidad difícil de describir, los cientos de millones de euros que flotaban sobre el agua pasaron durante unos instantes a un segundo plano. El verdadero espectáculo estaba en el cielo.






