Las últimas encuestas ya no dejan lugar a dudas: el viento que impulsaba a VOX empieza a girar en su contra. En Andalucía, el sondeo de Sigma Dos para El Mundo confirma el frenazo, con la formación perdiendo fuelle mientras el PP consolida su mayoría a tiro. Y a nivel nacional, la tendencia se repite: caída en intención de voto y desgaste tras meses de ruido interno y decisiones estratégicas incomprensibles. El electorado empieza a pasar factura a un partido que prometía ser llave de gobierno y se ha convertido en muro de bloqueo en varias comunidades. A eso se suman las purgas internas y una deriva cada vez más personalista que aleja a votantes que buscaban proyecto, no culto al líder. VOX no cae por casualidad: cae porque ha dejado de parecer útil.






